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        PALACIO DEL OTOÑO

Hablar de esta ciudad, en la que alojo
mi espíritu y mi cuerpo,
sería hablar de soledad y de pobreza.
Y hay un rumor de viento que levanta,
sin luz, oleadas de luz (fingida vida
de las hojas). En el reposo de la tierra
yace, mojada por la lluvia,
la belleza del mundo.

En la vieja ciudad, palacio del otoño,
los generosos sueños del amor,
y el entusiasmo del espíritu, residen;
desde siglos aposentan su llama
dentro del cuerpo de los jóvenes.
Queman sus corazones tras los muros;
fuera, la noche cerca silenciosa
la música del sueño.
Hablo de esta ciudad, y estoy hablando
de soledad y de pobreza.
Porque en ella yo habito.

Crucé los parques hoy, y a la temprana hora
en que este oscuro cielo aún más desciende
para apagar un resplandor escaso,
cerré tras mí la puerta de la casa.
Y ha pasado un gran tiempo,
y estoy mirando aún, con ojos doloridos,
los rincones oscuros de mi alma.
¿En dónde están los sueños? Tengo
joven la frente,
vivos los pensamientos, rumorosa
y oscura la mirada,
la lengua
es una hoguera de palabras, humo
claro la voz, y nunca tuve el pecho
tan hermoso,
tan poblado de amor.
Hablo de mí, y estoy hablando
de soledad y de pobreza.

autógrafo

Francisco Brines


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