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      MENDIGO DE REALIDAD

Retiraste mi mano de tu mano,
y me has dañado el ser.

Ahora aullan los perros por los pinos
y los astros conciertan en la altura
luz y muerte.
Seco está el aire que mi casa habita,
y vaga la memoria
por los caminos de la vida muerta.
Débil calor, pues donde fui feliz
mora una sombra ardiente,
un humo que penetro con gran daño:
una mirada otorga, entre la nada,
todavía piedad, amor, desdicha.
La cueva del recuerdo es muy oscura
y es fría como el hielo, aunque nos mienta
luz y calor de hogar.
Esto que fuimos se deshace lejos
de la carne y el alma, en el olvido
de lo que nunca ha sido. Tan seguro
lo sé, lo acepto tanto, que no duele
pensar en el fracaso de la vida.

Pero esta sed sí duele, este momento
de espíritu y de carne, que me exige
felicidad, aunque yo sepa bien
que luego es alimento del olvido.
La ausencia que precede y la que sigue
conforman nuestro ser, pero el presente
se sabe luminoso en ocasiones.
Con un hambre cruel de realidad
aúllo sordamente con los perros,
miro apagar el alba las estrellas,
y he sentido mi mano  desechada
comi si ajena fuese.

autógrafo

Francisco Brines


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