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        EL CANTOR

Yo soy el cantor,
el hombre que canta a los cuatro vientos,
un hombre de corazón
diciendo tornátiles palabras,
a la sombra de la noche mirífica,
o la sombra de sus párpados lentos.

Yo soy el cantor.
Cantaré toda cosa bella que haya en tierras de hombres,
Cantaré toda cosa loable bajo el cielo.
Cantor, cantador,
de ritmos
prestidigitador.

Si una hoja se mueve en los bosques,
yo !o sabré.
Sólo yo, el cantador.
Sólo yo he de recogerla.
Haré de élla un ave, o lo que quiera,
haré de élla un pajarillo
y lo pondré en mi canción como en un valle.

Porque yo soy el cantor y canto toda cosa.
Canto la luz.
Y canto la sombra y el amor.
Pero la boca de las mujeres la cantaré mil veces.

Entre mi bosque de palabras ligeras,
con mi corazón atado a un cielo de rosas,
yo canto todas las canciones que sean buenas,
todas las canciones entre los días, al viento.
Canciones desnudas para doncellas divinas,
con sedas, no de linos, aún más inconsútiles.
Guirnaldas de palabras, sartas de sílabas...

Y canto los días,
como a vientos de oro los canto,
como a vientos que elevan su polvareda
hasta el cielo de tumbo azul, fulgente.
Yo canto las noches.
Con silabas os haré claros de bosque.
O de esos cielos gastados, mariposas vivaces.

Canté una vez una mujer,
antaño, en un antaño ignoto la canté.
Y en su ciudad aún es linda,
aún es joven la linda mujer, por gracia
de mi canción.

Porque yo canto toda cosa loable bajo el cielo.
Yo el cantor, el cantador,
de ritmos
prestidigitador.

autógrafo

Aurelio Arturo


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