anterior autor siguiente

    LAUREL CAÍDO

Habría de saber, por ti, que nada había.
De tu recuerdo dura sólo inquietud, lamento
sostenido en un infinito eco interminable,
y soy la soledad del náufrago jazmín
que en el viento prolonga su propia destrucción,
conciencia amarga o duelo por quien herido yace
sobre una arena inútil muerta sobre sí misma.

Iba quedando solo, huérfano de unos ojos
donde yo me veía equilibrado círculo,
para siempre hoy perdido Ulises de mi cuerpo,
mareado viajero que a las olas se olvida
mirando entre su sombra la sal de su desdicha.

Contigo descubría nuevamente la tierra
y el agrio aire suyo y las flores dormidas;
supe de aromas fúnebres, de almas desoladas
y de pronto en mi rostro la muerte se movía.
Yo dije una palabra y en ella navegaste:
era tu nombre escaso, la breve transparencia
tornada resplandor bajo mi pensamiento;
después miré a tus ojos y los miraba áridos,
ribera del reposo donde tranquila oleaba
la armonía del tiempo, inconteniblemente.
Mas de nuevo las rosas languidecieron, pronto
dejaron el urdido afán que las anima,
cuando lento en tus labios íbase desmayando
el “adiós” que me habría de recobrar un mundo:
mi playa, la perdida, la solitaria arena
habitada de lágrimas, y el asolado sueño
donde tu ausencia crea la forma de la nada.

autógrafo

Alí Chumacero


subir volver Imágenes desterradas (1948)   siguiente anterior
Voz: Alí Chumacero Voz: Alí Chumacero

aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio