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    LA IMPREVISTA

Mírame así, a la frente: deshacías
en himnos la apariencia semejante
al sueño, y la lujuria en el sudor
ardía témpanos de mal, araba
en oquedades los remordimientos.

Cuando con esa voz de lejanías
invocabas los sitios, las costumbres,
era tu cabellera la humedad
del alma en el verano, parecida
a insomnios dilatados por la ausencia.

Después de ti, el asombro del pecado
y la virtud donde el placer concluye
nada eran y en nada convertían
el último solaz, el desafío
ante el olor cansado de lo inmóvil.

En la conciencia un muro desvanece
la furia, la piedad, el movimiento,
y de aquellos sollozos esparcidos
en medio del relámpago el fulgor
de su imagen anima las tinieblas.

Deja el ayer, descúbrete en mis ojos:
sobre el vacío caen las palabras
y en su oscilar las horas resplandecen
hasta tornarse en el espacio adonde
asciende la mujer desconocida.

autógrafo

Alí Chumacero


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