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    MUJER ANTE EL ESPEJO

Deja la sombra, advierte la humareda
velando el oleaje de los años: fervor y compasión
desde el abismo alternan castidades segadas
y el perenne danzar de Salomé.

Tu sonreír la escoria desafía, por un instante alienta
escamas que prolongan el destellar del pelo
y alzan la imagen de la juventud,
en tanto el tiempo tórnase en espacio, tardío atardecer
suspenso entre el rumor de la corriente impura.

Tú que labraste anónimo laurel
y por las noches el amor trocabas en pálida sentencia,
avivas el fulgor que a la serpiente engaña
cuando cruza la ola del sonido.

Levanta del recuerdo aquel vacío cuando a ojos cerrados,
sin odio ni embriaguez, te recostabas, fría
como el asombro, a renacer clamores
y jardines recientes, procediendo la única tormenta
que aniquila en el valle mortal los infortunios.

Llora si quieres, cúbrete de escarnio
al contemplar en humillada piel el esplendor que iba,
de calle en calle, hendiendo un vendaval de tigre
a veces por el vino restañado

En épocas de crimen, los placeres de ti se desprendían
como pueblos y arenas, comarcas y naufragios,
y tus cabellos eran desnudez;
pero cierra los párpados y deja al tiempo agonizar
porque la estatua al fin presiente se derrumbe.

autógrafo

Alí Chumacero


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