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        EL AZAHAR1

Flor sencilla a cuya vida
Breves horas marca el Cielo,
Para imagen en el suelo
Del contento mundanal.

Es tu aroma regalado
A mi espíritu doliente
Cual de virgen inocente
El cercano respirar.

Tiernas hojas nacaradas
Te dio grata la natura
Y a tu cáliz la amargura
De las hieles del amor.

En su negra cabellera
La hermosura te ensortija,
O tu trono alegre fija
En sus labios de rubí.

En ti encuentra blando alivio
El ausente que padece,
Tu belleza se le ofrece
La que su alma cautivó.

Y mirándote arrobado
Mil recuerdos en su mente
Se despiertan blandamente:
¡Mil recuerdos de placer!

¡Cuántas veces mis temores
Flor querida, disipaste!
¡Cuántas veces mitigaste
De mi amada la esquivez!

Hoy de nuevo la esperanza
En ti el alma deposita,
¡La esperanza! que marchita
Veré luego con la flor.

Noviembre de 1839.

Adolfo Berro


1 Esta fue mi primera composición. En uno de los momentos en que nuestra alma nada encuentra en el mundo que la satisfaga, la conmueva, me puse a borrajear mil ideas incoherentes: el pensamiento se detuvo, por fin en un objeto, y ese objeto era un ramo de azahares — Primera inspiración y primeros versos enhilados en una forma regular.


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