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        ECOS DE LA VOZ DEL SEÑOR

L'esprit saint me pénètre,
Il m'échauffe, il m'inspire
Les grandes vérités que je vais révéler.

J. B Rousseau.

Envuelto desaparece el sol rojizo
En nubes de negrura,
Y se oye con pavura
El viento en las techumbres rebramar.

Retumba el rudo son del ronco trueno
Tras rayo desatado;
Sus aguas, agitado,
Despeña con fragor el ancho mar.

La voz del que concierta el Universo,
Con mano fulgurante,
Al mundo zozobrante
Habló en medio a la ruda tempestad.

Sus ecos a mis labios han pasado;
En pura santa llama
El pecho ya se inflama....
¡Mortales descarriados, escuchad!

En vano, soberbiosos de la tierra,
Alzáis la impía frente,
Y al débil, el potente.
Sepulta de la muerte en la mansion.

En vano en rozagantes vestiduras
Oculta su impureza
La reproba belleza
Abrasada en satánica pasión.

En vano por la senda maldecida
Del vicio, torpe planta
Movéis, y la ira Santa
Olvidáis, y de Dios la inmensidad.

El día lucirá de la justicia,
Y ante el solio fulgente
Del Padre providente,
De hinojos, temblará la iniquidad.

De la ignífera trompa retumbante
Al présago sonido
El mundo conmovido
Do quiera con espanto se verá.

Retemblarán sus montes giganteos,
Sus simas tenebrosas,
Y en las abiertas fosas
El frígido esqueleto se alzará.

¡Ay del malvado entonces, del mundano
Que bebe en copa impura,
Que mísero la apura,
Y ríe del que gime en el dolor!

¡Ay del protervo impío que dijera,
«Mi ley es mi apetito»,
O niega el infinito
Poder del almo, eterno creador!

Armado de justicia inexorable,
A un signo de su mano,
El bárbaro profano
Derrumbado al abismo bajará.

Y allí entre fieras llamas incesantes,
Y angustias infernales
¡Oh impróvidos mortales!
Los siglos de los siglos yacerá.

Marzo de 1840.

Adolfo Berro


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