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      ESPERA A ORILLAS DEL MAR

Ven, mujer, a mis ojos, más hermosa
Que en la mañana purpurina rosa
Ornato del jardín:
Pura como María
Que el Gólgota vio un día
Verter llanto sin fin.

Ven, que reina la noche, y la rivera
Con mustia luz alumbra en su carrera
La luna virginal:

Ven y aspira el ambiente
Que circunda mi frente
A orillas de la mar.

Todo al sueño se entrega sin temores:
Nadie perturbará nuestros amores
Al pálido destello:
Y en tu seno, bien mío,
Se enjugará el rocío
Que moja mi cabello.

Llega, pues, que sin ti todo en el suelo
Ofrece solo imágenes de duelo
Al alma combatida:
Y solo en tu presencia
Recobra mi existencia
La paz apetecida.

Deja, hermosa, el blando lecho
Do no encuentras dicha alguna;
Es más dulce aquí en mi pecho
Reposar, mientras la luna
Se refleja en blanco techo.

¿Qué placer más acabado
Puede darse en este suelo
Que mirar a su adorado
Bajo puro y vago cielo
En amores abrasado?

¿Qué mayor contentamiento
Que, cruzando la rivera,
Escuchar el dulce acento
Del que prueba ya el tormento
Que da amor a quien espera?

¿Más deseados los sonidos
De la danza, siempre impura,
Son tal vez a tus oídos
Que del pecho los latidos
Cuando colmas mi ventura?

¿Por qué, pues, con loco anhelo,
Do te llama la velada
Vas corriendo engalanada,
Y hoy olvidas que yo velo
En la orilla despoblada?

Ven, ingrata, a esta rivera,
Sin joyeles, desceñida
Tu flotante cabellera,
Y aun serás más hechicera
Que la aurora a su salida.

Aquí crecen blandamente
Nacaradas bellas flores,
Esperando solamente
Para dar suaves flores
Que las ponga yo en tu frente.

Todo aquí al amor provoca,
Todo, amor está diciendo;
Llega, hermosa, que tu boca
Lo repita al ronco estruendo
De las aguas en la roca.

Julio 30 de 1840.

Adolfo Berro


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