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A FLORENCIO VARELA EN LA MUERTE DE SU HERMANO RUFINO

Florencio amigo que de tiernos años
Amar me hiciste la virtud austera
Y acá en mi mente derramaste ansioso
          Blandas ideas:

¿Dó están los días que a tu lado viste
Crecer en ciencia a tu infeliz hermano
Y ser del pobre perseguido, inerme,
          Público amparo?

Ese demonio que persigue al genio
Hasta exhalar el postrimer suspiro
Con yerta mano le arrojó a la tumba,
          ¡Mísero amigo!

¡Morir lejano de la triste madre
Pasado el pecho de enemigo acero,
Sin que uno solo por su vida alzase
          Férvido ruego!

¡Ay del que mira sin horror la sangre!
¡Ay del que ríe del ajeno llanto
Y ve sin pena que el sepulcro encierre
          Joven lozano!

¿No fuimos todos para amar formados?
¿No somos todos del Eterno hechura?
¡Maldito el hombre que sus santas leyes
          Bárbaro burla!

Deja, Florencio, que el instable vulgo
De amor el alma y de piedad desnuda,
En vez de lloro con amargas hieles
          Riegue esa tumba.

En tanto al Cielo subirán mis preces
Por el amigo que perdí temprano
A cuyo lado deslizarse viste
          Tristes mis años;

Y en esas horas en que el hombre cuenta
Cuantos objetos estimó en la vida,
Rufino siempre arrancará a mis ojos
          Lágrimas pías.

Enero-1841.

Adolfo Berro


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