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        LA MARGARITA

Blanca flor que sin cultivo
Entre verde yerba creces,
Y fugaz consuelo ofreces
Al rendido viajador,

Que al hallarte en su camino
Toda amarga pena olvida,
Y pensando en su querida
Te contempla con pasión:

¡Cuántas veces de la tarde
En los últimos momentos
Deliciosos pensamientos
Me inspiraste, bella flor!

Pensamientos regalados
Más que brisas del Estío
Que del triste pecho mío
Mitigaban el ardor.

Tú nacistes en el seno
De una blanca enamorada,
Que a su amante, arrebatada,
Fue en sus brazos a estrechar.

Y tus hojas se tiñeron,
Roja flor, en el instante
Que con labio palpitante
Daba un ósculo a su faz.

Desde entonce oscura viertes
En el prado aroma leve,
Que gozoso el viento bebe
Al nacer la luz del sol.

Y allí oculta entre la grama
Eres siempre apetecida,
Como símbolo de vida
Para el mísero amador.

¡Feliz tú, si alguna hermosa
Al cruzar el verde llano
Te coloca con su mano
Sobre el tierno corazón!

O te enlaza en el cabello
Que en cien rizos, perfumado,
Por el cuello nacarado
Se derrama con primor.

Yo miré entre los ensueños
De mi inquieta fantasia
Que una virgen te ponía
En sus labios de coral:

Y con ojos de amor llenos,
Y palabras de dulzura
Me adormia en su halda pura
Para nunca despertar.

Mayo de 1841.

Adolfo Berro


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