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  LA TARDE ENTRA DE PRONTO EN LA COCINA

La tarde entra de pronto en la cocina,
enloquece en el cobre, hace gloriosa
la herrumbre de las madres. Como un lienzo
se imparte en las estancias. Cruza, dora
el rostro del varón. Da en las tarimas,
atraviesa el laurel, tiembla en sus hojas.

Ahora volverán por los caminos
las mulas canas y las yuntas rojas
y, cansados, los hombres, sus cabellos
con tamo de trigal.
                    Cunden las sombras
al borde del tapial. Lenguas de acero
se sumergen en aguas silenciosas.

autógrafo

Antonio Gamoneda


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