anterior autor siguiente


Era incesante en la pasión vacía. Los perros olfateaban su pureza y sus manos heridas por los ácidos. En el amanecer, oculto entre las sebes blancas, agonizaba ante las carreteras, veía entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.

autógrafo

Antonio Gamoneda


subir volver Libro del frío (1992) 2 El vigilante de la nieve   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio