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Existe el mar en las ciudades blancas, coágulos en el aire dulcemente sangriento, sábanas en la serenidad.

Existen los perfumes inguinales, lenguas en las heridas femeninas y el corazón está cansado.

Entra con tus campanas en mi casa, pastora ciega, sin embargo, como si no tuviera la dulzura su fin aún en las ciudades blancas.

autógrafo

Antonio Gamoneda


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