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DE LA PELEA QUE OVO DON CARNAL CON LA QUARESMA
Estrofas 1067-1127

Açercándosse viene un tienpo de Dios ssanto:
ffuime para mi tierra por folgar algúnd quanto;
dende a ocho días era Quaresm': al tanto
puso por todo el mundo miedo e grand' espanto.

Estando en mi casa con don Jueves Lardero,
troxo a mí dos cartas un lygero trotero.
desirvos he las nuevas: servos a tardinero,
ca las cartas leydas dilas al menssajero:

«De mí, Santa Quaresma, syerva del Cryador,
enbiada de Dios a todo pecador,
a todos los açiprestes e clérigos syn amor,
salud en Jhesuxristo fasta en pasqua mayor.

»Sepades que m' dexieron que ha çerca de un año
que anda don Carnal sañudo, muy estraño,
astragando la mi tierra e fasiendo muy grant daño,
vertyendo muncha ssangre, de lo que más me ensaño.

»E por aquesta rasón, en vertu d' obediençia,
vos mando firmemente, so pena de sentençia.
que por mí e mi ayuno e por mi penitençia,
que lo desafiedes con mi carta de creençia.

»Desilde de todo en todo que de oy en siete días
la mi persona misma e las conpañas mías
yremos pelear con él, con sus porfias:
creo que non se nos tenga en las carniçerías.

»Dalda al menssajero esta carta leyda,
lyévela por la tierra, non la traya escondida,
que non diga su gente que non fue aperçebida.
dada en Castro d'Ordeales e en Burgos resçibida»—

Otra carta traya abyerta e ssellada,
buena concha muy grande de la carta colgada:
aquel era el sello de la dueña nonbrada;
la nota es aquesta, a Carnal fue enbiada:

«De mí, doña Quaresma, justiçia de la mar,
alguaçil de las almas, que se han de salvar,
a ty, Carnal goloso, que non te cuydas fartar,
enbyote el Ayuno por mí a desafiar:

»Desde oy en syete días tú e tu almofalla
que seades conmigo en canpo a la batalla;
fasta el Sabado Santo darvos he lyd syn falla;
de muerte o de lisión non podredes escapalla».—

Vy que veníe a mí el un fuerte mandado:
ca non tenía amor nin era enamorado.
a mí e mi huésped púsonos en cuydado.

Do tenía a don Jueves por huésped a la messa,
levantóse byen alegre, de lo que non me pesa;
diz': «Yo so el alferes con esta malapresa:
yo justaré con ella: cada año me sopesa».

Diome muchas de gracias por el mi grant conbid,
fuese e yo fiz' mis cartas, dixe al viernes: «Yd
a don Carnal mañana, todo esto le desid,
e venga aprecebido el martes a la lyd».—

Las cartas rresçibidas, don Carnal orgulloso
mostró en sy esfuerço, pero estava medroso:
non quiso dar respuesta e vino muy acuçioso,
tróxo muy grand' mesnada, como era poderosso.

Desque vino el día del plaço señalado,
vino don Carnal ante ésta muy esforçado,
de gentes bien garnidas muy byen aconpañado:
seríe don Alisandre de tal rreal pagado.

Pusso en la delantera muchos buenos peones:
gallinas e perdiçes, conejos e capones,
ánades e navancos e gordos anssarones:
fazían su alardo çerca de los tysones.

Estos trayan lanças de peón delantero:
espetos muy cunplidos de fierro e de madero,
escudávanse todos con el grand' tajadero:
en la buena yantar estos vienen primero.

En pos los escudados están los vallesteros:
las ánssares, çeçinas, costados de carneros,
piernas de puerco fresco, los jamones enteros.
luego en pos de estos están los cavalleros:

Las puestas de la vaca, lechones e cabritos
ally andan saltando e dando grandes gritos.
luego los escuderos: muchos quesuelos fritos,
que dan de las espuelas a los vinos byen tyntos.

Venie una mesnada rica de infançones:
muchos de faysanes, los loçanos pavones
veníen muy bien garnidos, enfiestos los pendones,
trayan armas estrañas e fuertes garniçiones.

Eran muy bien labradas, tenpradas e byen finas,
ollas de puro cobre trayan por capellynas,
por adaragas calderas, sartenes e coçinas:
real de tan grand' preçio non lo tienen las sardinas.

Venieron muchos gamos e el fuerte javali:
«Señor, non me escuses de aquesta lyd a mí,
que ya muchas vegadas lydié con don Aly:
usado so de lyd, por ende syenpre valy».

Non avíe acabado de dezir byen su bervo,
ahevos a do viene muy lygero el çiervo:
diz': «Omíllome, señor, yo, el tu leal syervo,
por te fazer servicio ¿non fuy por ende syervo?»—

Vino presta al alarde muy ligera la lyebre:
«Señor,» dize «a la dueña yo la porné la hiebre,
darl' he sarna e diviesos, que de lydiar non se mienbre;
mas querrá mi pelleja, quando alguno le quiebre».

Vino el cabrón montés con corças e torcaças,
deziendo sus bravuras con muchas amenaças:
«Señor,» diz', «a la dueña, si comigo las enlaças,
non te podrá enpeesçer con todas sus espinaças».—

Vino su paso a paso el buey viejo lyndero:
«Señor,» diz', «al herren me echat o al yugero;
non so para lidiar en carrera nin en ero;
mas fágote serviçio con la carne e el cuero».—

Estava don Toçino con mucha otra çeçina,
cedieruédas e lomos, finchida la coçina,
todos aperçebidos para la lyd marina;
la dueña fue maestra, non vino atan ayna.

Como es don Carnal muy rrico enperador
e tiene por el mundo poder como señor,
aves e animalias por el su grant pavor
venieron muy omildes; pero an grand' temor.

Estava don Carnal rricamente assentado
a messa mucho harta en un rrico estrado;
delante sí juglares com' ome muy honrado;
de sus muchas vyandas era byen abastado.

Delante sí estava su alfierez omil,
el finojo fyncado, la mano en el barril,
tañía a menudo con este añafyl,
parlava mucho el vino, de todos alguaçil.

Desque vino la noche, mucho después de çena,
que tenía cada uno ya la talega llena,
por entrar en façienda con la dueña serena,
adormiéronse todos después en ora buena.

Essa noche los gallos con miedo estodieron,
velaron con espanto, nin punto non dormieron:
non avíe maravilla, que sus mugeres perdieron:
por end' s' alboroçaron del roydo que oyeron.

Façia la media noche, en medio de las salas
vino doña Quaresma; diz': «¡Señor, tú nos valas!»
dieron vozes los gallos, batieron de las alas.
fueron a don Carnal aquestas nuevas malas.

Como avía el buen ome sobra mucho comido,
con la mucha vianda mucho vino vevido,
estava apesgado e estava adormido.
por todo el su real entró el apellido.

Todos amodorridos fueron a la pelea,
pusieron las sus açes, ninguno non pletea;
la conpaña del mar las sus armas menea:
veniéronse ferir deziendo todos: «¡Ea!»—

El primero de todos, que ferió a Don Carnal,
fue el puerro cuelloalvo e feriólo muy mal:
fízole escupir flema, esto fue grand' señal:
tovo doña Cuaresma que suyo era'l real.

Vino luego en ayuda la salada sardina:
ferió muy reçiamente a la gruesa gallyna,
atravesós'l' en el pyco e afogóla ayna,
después a don Carnal falsó la capellyna.

Venieron las grandes mielgas en esta delantera,
los verdeles e sibias guardan la costanera:
buelta es la pelea de muy mala manera,
caye de cada cabo mucha buena mollera.

De parte de Valençia venían las angiellas
salpresas e trechadas a grandes manadiellas,
davan a don Carnal por medio de las costiellas:
las truchas de Alberche dávanle en las mesiellas.

Andava y el atún como un bravo león:
fallós' con don Toçino, díxol' mucho baldón;
sy non por la Çeçina, que l' desvió el pendon,
diérale a don Lardo por medio del coraçón.

De parte de Bayona venían muchos caçones:
mataron las perdizes, castraron los capones,
del río de Henares venían los camarones;
fasta en Guadalquivir ponen sus tendejones.

Allí con los navancos lidiaban barbos e peçes:
diz' la pixota al puerco: «¿Dó estás, que non paresçes?
sy ante mí te paras, darte he lo que meresçes,
çiérrate en la mesquita, non vayas a las preçes».

Allí vino la lyxa en aquel desbarato,
traye muy duro cuero con mucho garavato,
a costados e a piernas dávales negro rato:
así travava d'ellos como si fuese gato.

Recudieron del mar, de piélagos e charcos
conpañas muy estrañas e de deviersos marcos:
trayan armas muy fuertes e ballestas e arcos:
más negra fue aquesta, que non la de Alarcos.

De Sant Ander venieron las bermejas langostas,
trayan muchas saetas en las aljavas postas,
fazían a don Carnal hayar todas las costas,
las plaças, que eran anchas, fazíansele angostas.

Ffecho era el pregón del año jubileo,
por salvar las sus almas avían todos desseo:
quantos son en el mar venían al torneo,
arenques e vesugos venieron de Bermeo.

Andava ay la hurta con muchos combatientes,
feriendo e matando de las carnosas gentes:
a las torcaças matan las sabogas valyentes,
el golhin al buy viejo derribole los dientes.

Ssávalos e albures e la noble lanprea
de Sevilla e de Alcántara venían a levar prea:
sus armas cada uno en don Carnal enprea:
non le valía nada desçenir la correa.

Bravo andava el sollo, un duro vyllanchón:
tenía en la su mano grand' maça de un trechón,
dio en medio de la fruente al puerco e al lechón,
mandó que los echasen en sal de Vyllenchón.

El pulpo a los pavones non les dava vagar,
nin aun a los faysanes non dexava bolar,
a cabritos e a gamos queríalos afogar:
como tiene muchas manos, con muchos puede lydiar.

Ally lidian las ostyas con todos los conejos,
con la liebre justavan los ásperos cangrejos:
de la e de la parte danse golpes sobejos:
de escamas e de sangre van llenos los vallejos.

Ally lydia el conde de Laredo muy fuerte,
congrio çeçial e fresco; mandole mala suerte
a don Carnal, seguiendol' lievanle a la muerte:
estava mucho triste, non falla que l' confuerte.

Tomó ya quanto esfuerço e tendió su pendón,
ardit e denodado fuese contra'l Salmón.
de Castro de Urdiales llegava esa saçón:
atendiól' el fidalgo, non le dixo de non,

Porfiaron grand' pieça e pasaron grand' pena:
sy a Carnal dexaran, diéral' mala estrena:
mas vino contra él la gigante ballena:
abraçóse con él e echól' en l'arena.

Las más de sus conpañas eran ya fallesçidas,
dellas muchas morieron e dellas eran foydas;
pero ansí apeado fazía acometidas:
deffendiose quanto pudo con manos enflaquidas.

Como estava ya con muy pocas conpañas,
el javalyn e el çiervo fuxieron a las montañas,
todas las otras rreses fuéronle muy estrañas,
las que con él fyncaron non valyan dos castañas.

Si non fue la çeçina con el grueso toçino,
que estava amarillo de días morteçino,
que non podía de gordo lydiar syn el buen vino,
estava muy señero, çercado e mesquino.

La mesnada del mar físose un tropel,
ferieron de las espuelas, dieron todos en él,
matar non lo quesieron, ovieron duelo dél;
a él e a los suyos echaron en un cordel.

Troxiéronlos atados porque non escapasen,
diéronlos a la dueña, ante que s' aforrasen;
mandó doña Quaresma que a Carnal guardasen
e a doña Ceçina con el toçino colgasen.

Mandólos colgar altos, byen como atalaya,
e que a descolgarlos ninguno ay non vaya;
luego los enforcaron d' una viga de faya:
el sayón va deziendo: «Quien tal fizo tal haya».

Mandó a don Carnal que l' guardase el ayuno
e él fuese carcelero, que non lo vies' ninguno;
si non fuese doliente o confesor alguno,
e a comer le diesen al día manjar uno.

Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, 1320


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