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      SUEÑO DE MÁRMOL

Las sendas que me obligo
a recorrer por ti
no las borra la vida
y en vez de flores una venda,
dura como una máscara,
va dividiendo el campo.

Quisiera haber nacido junto a ti,
vivir de rama en rama, sin caminos,
pero veo la distancia, el no alcanzarte;
y peregrina el corazón pisando rosas
y llega al tuyo, cuando sueña
dentro de una ciudad, donde aplastado
quedó el verdor, la risa, las colmenas.
En ella se enredaron los caminos
y la tierra ofendida, quedamente
lanza leves suspiros, sus jardines;
sus torres que, desprecios a la brisa,
yacen inmóviles,
voces de bronce dan
para anunciar las nuevas tumbas.

Yo sé por qué la tierra enfurecida
a veces tiembla y rompe las ciudades:
alguien responde al llanto de las hierbas
que no pueden nacer bajo las losas.

Las pisadas del hombre van dejando
su estéril huella, firme, que divide
con una seca herida el prado verde
y, más endurecido y seco, implora
sostén a sus pisadas, que se calle
el color, que no pronuncie
en tallos de alegría
su gesto el campo;
más impasible quiere su dominio,
con mármol sueña lapidar llanuras.

No así mi amor, tu mundo, otro planeta,
la flor intacta con ocultos ríos:
por sus venas iré sin ser notado,
soy de tu corazón dócil corriente.

autógrafo

Manuel Altolaguirre


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