PERLAS NEGRAS - VI

Rindióme al fin el batallar continuo
de la vida social; en la contienda,
envidiaba la dicha del beduino
que mora en libertad bajo su tienda.

Hui del mundo a mi dolor extraño,
llevaba el corazón triste y enfermo,
y busqué, como Pablo el Ermitaño,
la inalterable soledad del yermo.

Allí moro, allí canto, de la vista
del hombre huyendo, para el goce muerto,
y bien puedo decir como el Bautista:
¡Soy la voz del que clama en el desierto!

autógrafo

Amado Nervo, 1898.


subir volver Perlas Negras (1898)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio

Y en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1972 (Los Grandes Clásicos).