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          DOS ENTIERROS
              Soneto

Asomado al balcón, vi que pasaba
un gran entierro, su cortejo ingente
con pompa funeral, muy lentamente
invadiendo tres calles desfilaba.

Y más tarde pasó... ¿pasó?... ¡volaba
otro entierrillo rápido, impaciente;
iba el muerto en arcaz, hasta indecente,
y nadie al muerto aquel acompañaba.

Comparando pensé: yo no me explico
lo que hay tras de la muerte, mas diría;
el pobre que la teme es un borrico,

que si la muerte da con saña impía
fin a la vida cómoda del rico,
también da fin del pobre a la agonía.

Antonio Plaza Llamas


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