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        A MARÍA
        EN SU ÁLBUM

  Han díchome que tienes,
señora, el alma
  como la excelsa Virgen
inmaculada,
  y que de niño
su corazón es casto
  como el armiño.

              *

  Es tu alma —dicen todos—
humo de incienso
  que exhalando perfumes
busca lo eterno,
  y en espirales
giros, va de la gloria
  a los umbrales.

              *

  Y doquier aseguran
que eres tan buena,
  que las virtudes santas
te son ingénitas;
  que en tu sublime
alma, el Dios de los justos
  su amor imprime.

              *

  Todos saben, señora,
que eres un ángel,
  y lo que saben todos
tú no lo sabes;
  porque, María,
es tu modestia ingente
  cual tu valía.

              *

  Yo que en crápula inmunda
crecí maldito,
  y al dejar mis creencias
entre los vicios,
  necio, beodo,
los brillantes del alma
  arrojé al lodo:

              *

  yo que en el fuego impuro
quemé, señora,
  del corazón las flores
hoja tras hoja,
  y después lleno
de odio, la ceniza
  cubrí con cieno:

              *

  yo, en fin, que sin virtudes
me hostiga todo,
  cuando virtudes miro
caigo de hinojos,
  y alzo mi canto
donde quiera que brillan
  con fuego santo.

              *

  Por eso mis cantares
consagro a tu alma,
  linda como el ensueño
de la esperanza,
que entre mujeres,
  por tu virtud excelsa
bendita eres.

Antonio Plaza Llamas


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