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    TALENTO EN LAS CORVAS
    Tipos Políticos

¡Qué tonto es el hombre
que nunca se dobla!
¡Qué sabio el que tiene
flexibles las corvas!

              I

  Conozco yo a un mico
que ayer sin la torta
vagaba, cual vaga
perdida la nota.

  Asaz monarquista
con puntas de hipócrita,
rezando en la iglesia
gastaba sus rótulas.
  Allá por los tiempos
de frailes y costas
era tinterillo
de pésima estofa,
y usaba raída
chaqueta grasosa,
sin que la chicana
le diese para otra.
  Al fin hastiado
de su bruja insólita.
Empuñó atrevido
la péñola roma,
y en versos, inmundos
rellenos de prosa,
cantó de González
Ortega las glorias;
después el buen Juárez
tiróle una torta,
y entonces a Ortega
le puso la popa;
hoy lame las plantas
de Lerdo, esa boa,
y de vez en cuando
firma alguna póliza;
y hoy gasta espejuelos
y guantes y botas,
se pinta y perfuma,
se mueve y se esponja:
y el extinterillo
que a risa provoca,
medra, porque tiene
talento en las corvas.

              II

  Un ex presidiario,
en tierra escabrosa
quitaba a indefensos
la vida y la bolsa;
pero el galeote
ávido de gloria,
cuando su gavilla
engrosó con otra,
le llamó: —Brigada
ligera
. —No es broma.
Ligera cual pájaro
que los vientos corta,
volaba delante
de contraria tropa,
y con los inermes
era una leona.
  Se hizo el bandolero
temible en las fondas,
que a la maritornes
la luenga pistola
mostraba, si había
tardanza en la sopa.

  Sombrero arriscado,
camiseta roja,
calzoneras amplias,
botones de bola,
y canana henchida
de balas y pólvora,
llegaba a las tiendas
pidiendo una copa.
  Era su saludo
blasfemia horrorosa;
el corcel robado
sentaba coa cólera,
cortando los vientos
con luenga tizona.
  Decían a su fuerza
la brigada escoba,
porque antes de irse,
a todos y a todas
dejaba más limpios
que suelo de monjas.
  Por tales fazañas,
dignas de la horca,
hízole el Gobierno,
general. —Ahora
ya come con trinche,
brinda en la Concordia,
el pelo rebelde
se lo peina Broca,
y gasta cadena
mejor que la otra
que en Ulúa pusieron
a su taba roma.

  Ya canta que tiene
dignidad y honra,
y aunque el tal no sabe
mandar una escolta,
dice: soy soldado,
y afanoso compra
libros militares
que mucho le estorban.
En último rasgo
de su audacia loca
llegó hasta ponerse
sorbete de moda.
  Yo al ver que su faja
color de cotorra
ensucia atrastrándose
en ricas alfombras,
confieso que tiene
talento en las corvas.

              III

  Con dos sobrinitas
coquetas, graciosas,
vivió un mequetrefe
sumido en la inopia;
inopia terrible:
las camas sin colchas,
sin lumbre el brasero,
sin agua las ollas
y a la funerala
las cazuelas rotas.
  Vestido a la última
miseria, no moda,
usaba tacones
torcidos, en forma
de alguna parada
que al as o a la sota
no pierde a la puerta,
ni a la puerta cobra.

  Vivía el infelice
haciendo más drogas
que las que almacenan
las boticas todas;
pero a cierto prócer
gustaron las pollas;
les hizo la rueda
a una y a otra.
  Entonces la bruja
trocóse en bambolla,
y el triste demonio
se volvió demócrata,
que el doble sobrino
le puso en la nómina.

  Tal cual la república
de la vieja Roma
brotó de las sábanas
de fembra fermosa,
así el patriotismo
de este don Mamólatra
salió de los lechos
de dos mocetonas.
  Terciando en amores,
agente de rosas,
el nuevo Mercurio
pródigo en lisonjas
subió, como sube
el humo a la atmósfera.
Hoy es hombre rico,
y en política órbita
al fin se ha creado
posiciones cómodas.
  Dicen que es un cero
su cráneo, ¿qué importa?
¿qué importa, si tiene
talento en las corvas?

              IV

  Un hijo menguado,
de ibérica zona,
un segunda cuerda,
volatín y acróbata,
más ágil que un chivo,
brincaba en la soga.
  El payaso un día
armóle camorra,
y al payaso entonces
le rompió la cholla:
  temiendo el funámbulo
ir a la chirona,
marchó fugitivo
a tierras ignotas;
y, médico en ellas,
por buscar la torta,
hizo más cadáveres
que Aquiles en Troya.
  Huérfanos y viudos
armados de cólera,
y también de palos,
pegaron tal soba
al pobre Galeno,
que hasta hizo cabriolas.

  Doliente, mohíno
por tan dura broma,
buscando la muerte
largóse a la bola.
  Cayóle a un caudillo
en gracia su historia,
y su secretario
le hizo sin demora.
  Entre bandoleros
rellenó la bolsa,
y ya el saltimbanqui
es hombre de nota,
que entre los ministros
se inclina y se dobla
tanto, que su barba
convierte en escoba;
pero el bicho medra
y hasta fincas compra,
porque tiene mucho
talento en las corvas.

              V

  Arriba, gusanos,
¡paso a la lisonja!
subid como sube
la espuma en la olla.
  Subid, miserables,
que la vita bona
es para el que tiene
coyunturas flojas,
elástico lomo
y miel en la boca,
cintura flexible,
talento en las corvas.

Antonio Plaza Llamas


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