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      BOLERAS INOCENTES

  Arión, hijo de Ceres
y de Neptuno,
era caballo, y dizque
hablaba el bruto;
      no extraño eso:
aquí los brutos hablan
      en el Congreso.

  Los nietos de Sesostris,
divinizaron
guajolotes y monos
y hasta lagartos:
      aquí un conscrito
también es inviolable
      como en Egipto.

  Dentro del arca un viejo,
cuando el diluvio,
encerró toda especie
de animaluchos:
      en tal recámara
no durmió tanto bípedo
      como en la Cámara.

  Calígula—dice un
cronista sabio—
nombró Sumo Pontífice
a su caballo;
      el tal no miente,
porque aquí un Incitatus
      fue presidente.

  Los negros de Gorea
cambian por vino
sus mujeres, sus padres
y hasta sus hijos.
      Un patriotero
diera por dos pesetas
      el mundo entero.

  Su regia majestad
Carlos segundo,
caballero hizo a un lomo
de un cuasi burro:
      creo, sin empacho,
Juárez hizo ministro
      a un cuasi-macho.

  San Juan de Mata vio
venir a un ciervo,
con una cniz enorme
entre los cuernos:
      he comprendido
que lo que vio el de Mata
      fue algún marido.

  A los rayos Augusto,
tuvo tal pánico,
que si tronaba se iba
al subterráneo.
      Hay generales
que con un trueno sufren
      ansias mortales.

  El dios a quien Pompilio
culto le daba,
como en carnestolendas
llevó dos caras.
      Los que su mano
de amigos nos ofrecen,
      son como Jano.

  He visto que a la diosa
sin par, Astrea,
unas balanzas de oro
sirven de emblema.
      Quizá por eso,
es siempre la justicia
      cuestión de peso.

Al morir Junio Bruto
clamó enojado:
eres virtud maldita,
un nombre vano
.
      Y si tal bicho
viviera en este tiempo,
      ¿qué hubiera dicho?...

Antonio Plaza Llamas


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