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        CANTO A ESPAÑA

              VII

¡Madre! Europa está toda florecida de espinos...
Ven... Aquí verás musgo en los senderos,
porque para tus lanzas no tenemos molinos
y para tus escudos no tenemos cabreros.

—¡Madre mía!— te digo , y se diría
que mi voz va creciendo si dice "¡Madre mía!"...
Ven, que para ti somos mercado y jubileo;
ven con la Cruz y con e! caduceo,
con tu enseña de sangre, donde flota una espiga;
¡sé tú , Ximena y Carmen, laurel entre claveles!
¡sé la España que tiene los ojos de Cibeles
y Ia España que lleva la nava¡a en la liga!...
De ese huerto en que fundes barros americanos,
América florida se te dará en olor;
así Dios, aquel día, tomó el barro en sus manos,
y el barro tuvo lágrimas y floreció de amor...

¡Hazte a !a mar, España! Eres su dueño,
porque tus carabelas lo arrancaron al Sueño,
y desde que, angustiado de trinos españoles,
el turpial de "Goyescas" se abatió en las arenas,
hay más gemidos en los caracoles
y son más armoniosas las sirenas.
¡Hazte a la mar; Quijote! Nave de la Esperanza,
una adarga la vela y el bauprés una lanza:
cierra contra el rebaño que en las olas blanquea,
cobra al Futuro el secular reposo,
que hay en estas riberas del Toboso
lecho de palmas para Dulcinea.

Todo el mar de Occidente rebose de murmullos;
el Árbol de la Lengua se arrebuje en capullos;
haya en España mimos y en América arrullos;
el mismo vuelo tiendan al Porvenir las dos,
y el Mundo, estupefacto, verá las maravillas
de una Raza que tiene por pedestal tres quillas
y crece como un árbol, ¡hacia el Cielo, hacia Dios!

Marzo de 1923.



Andrés Eloy Blanco


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