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        DANZA DEL FUEGO

La Batalla:
Sobre el puente
de Boyacá;
de un lado, las casacas azules,
los pantalones blancos,
el espolín plateado,
el correaje en cruz
sobre el pecho cristiano
del Español de Barreiro.
Del otro lado,
el sombrero de cogollo,
la camisa de mochila,
y el pantalón arremangado
de las panteras de Anzoátegui;
con comentarios de sangre
sobre el puente que es un hilo
y borda en rojo la bandera.

Uno cae de espaldas a la quebrada,
ya sin compás el corazón
en el final de la danza.
Pero el Libertador
escucha la armonía y en su cerebro
danza la danza todavía
aunque sorda de Andes despierta la fusilería.

La quebrada apenas se oye pasar
que si se oyera, oyérase que diría
—Hoy es la danza del fuego sobre el agua
porque el lado del Oriente se rompió con el Día...
La Batalla:
En la sabana de Carabobo:
de un lado, Valencey
y Barbastro,   La Torre
y Tomás García;
del otro lado, los ingleses
de cabeza de sol y los Bravos de Apure,
de lanza de sol,
y Bolívar: el Sol.
Dos jinetes caen: Plaza y Cedeño;
otro Mellao; y otro,
Negro Primero-bronce; negro él, negro el potro.
La danza de Valencey
es la danza de la Muerte,
pero el Gran Armonioso
tiene en el oído la Clave
y la voz de la Batalla
le canta a Él su canto de ave.
El Libertador
escucha y dirige; el compás
dice: ¡Adelante!, en la boca
del hijo de Albión,
hasta que una bala le toca
y pierde el compás el corazón...

La sabana apenas se oye murmurar,
que si se oyera, oyéramos que diría:

—Hoy es la danza del fuego sobre la tierra
yerba mejor me crecerá este día
para que pasten los caballos de la Guerra...

La Batalla:
Sobre el Volcán
de Pichincha.
 En el brazo del General
la Espada del Libertador
y en la boca de los fusiles lava.
Abajo, con las manos atadas,
la Pompeya de Colonia.
El volcán apenas se oye rugir,
que si se oyera, oyéramos que diría:
—Hoy es la danza del fuego sobre el fuego
porque la espada de Bolívar atizó mis brasas
y la llama asaltó la hoja;

El Teniente la alzó sobre la Batalla
y quedó como el Ángel en la montaña roja...

La Danza:
en el gran salón
de un palacio de Lima,
el Libertador-Presidente
inicia un paso de pavana.
Sobre el pecho le tintinean
El Sol del Perú
y la Cruz de Libertadores:
sobre la Cruz, el Sol
ilumina catorce años de guerra
y, abajo, el corazón
deshilacha veinte años de amores...
—¡La Gloriosa estaba allí!
Danza La Gloriosa,
unas veces es un arbusto
y otras, una mariposa...
Su corazón, apenas se oye murmurar,
que si se oyera, oyéramos que diría:
—Hoy es la danza del fuego sobre el Amor,
porque entre mis brazos está la luz,
porque sobre mi seno ha puesto mi señor
en un pecho el Sol y en otro, la Cruz...

La Muerte.
Danza de las olas,
en San Pedro Alejandrino,
el Libertador contempla la danza del Mar,
instintivamente,
el Gran Danzarín lleva en los dedos
el compás de las aguas;
la mano esquelética, la mano de ceniza
se busca una brasa de  la vieja hoguera
hasta que  se cansa de bailar
y se va enfermando de calma
como las tardes en el mar...
El mar, apenas se oye respirar,
que si se oyera, oyéramos que diría:
—Hoy es la Danza del Fuego sobre la Muerte,
porque va a caer la centella,
porque el Hombre de Fuego se apagará esta noche,
pero en las olas me caerá una estrella...



Andrés Eloy Blanco


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