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                EL MILAGRO 1

                          III

Grité, llamé a los cielos, te llamé a ti, mis gritos
se perdían dolientes en la Nada cruel;
tal vez muchos llegaron de mi pecho proscritos,
hasta el mar donde boga su ilusión tu bajel;

y me quedé flotando sobre los infinitos
lomos de aquel desierto, y en la quietud de aquel
momento, de mis labios brotaron los benditos
votos de la renuncia que me enseñó tu miel...

Y en la maravillosa quietud de aquel momento,
un milagro de plata se elevó al firmamento
y del vientre salado de aquel mar de impiedad

surgió un chorro brillante de agua dulce y sonora,
que fue a mi negro sueño la piedad de la Aurora
cuando lavó mis labios y calmó mi ansiedad...



Andrés Eloy Blanco


1 Venezuela Contemporánea, Caracas, Nº 12, 1917, pp. 844-845.


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