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                EL MILAGRO 1

                          IV

Hoy, cuando abrí los ojos, después de mi aventura,
por los Viejos dominios de los Sueños, mi ser
todo sintió el cariño de una suave frescura,
y mis labios estaban cansados de beber,

y sentí renovarse la sed de mi amargura,
porque en tus labios, fuente de milagro y de placer,
la suave taumaturgia de tu brava hermosura
tiene el agua piadosa del perfecto saber.

¡Ven a mí! Yo conozco la misteriosa estrella;
iremos a la tierra del Padre Sueño: en ella
calmarán nuestros labios su asfixiante calor…

Verás qué hermosa senda. Y verás a tu hermano
Luisillo, y a su lado, lamiéndole la mano,
¡una osa pequeña, y otra osa mayor!...



Andrés Eloy Blanco


1 Venezuela Contemporánea, Caracas, Nº 12, 1917, pp. 844-845.


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