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        LETANÍA DE LAS MUJERES FEAS

A la memoria amada y cursi de Cayetana

                        I

Me he detenido muchas veces ante
lo sagrado del tema
en mi interior, callado y vigilante,
viví desde hace tiempo este poema.

Pero hoy es el día de San Cayetano
y tú, pobre muerta, te estás en la fosa
sin que haya una mano
que ponga en tu cruz una rosa.

Yo te doy las mías,
rosas deshojadas de mis letanías,
porque fuiste el caso de la rosa trunca
y ahora estás sola, mirando hacia el techo,
sin carne en las manos, sin alma en el pecho
y acaso más fea que nunca.

                        II

Tres «aves» a la Virgen Dolorosa:
Madre de Dios, tú fuiste hermosa
y tuviste un hijo que fue Vida y Luz
y ellas están bajo la fosa,
como tu hijo, con la Cruz.

                        III

Féretro y cuna del placer,
donde el placer vegeta sin florecer;
miel en copa de barro, mujer fea, escultura
carcomida, tú tienes en mí tu casa y los
arroyos en que salta mi ternura
besan tus pies, pobre caricatura,
mujer que sintetizas un fracaso de Dios.

¡Cuánto te quiero! ¡Cómo te he seguido
cuando vas por la calle!, con tu paso sin ruido
como con pena de estorbar el paso;
y el hombre que te empuja sin decirte un cumplido
y el hombre a quien tu labio ha sonreído
y el hombre pasa, sin hacerte caso.

Siempre te encuentro, siempre fugitiva,
con rapidez huraña, con lentitud esquiva;
en tus ojos hay un mirada que se posa
en la turba con algo de pregunta y a veces
inquieres asombrada y me pareces
una chica angustiada que ha perdido una cosa.



Andrés Eloy Blanco


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