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    PALABRAS DEL CAMINANTE LOCO

Dijo el Caminante:
Un verso un Poema, es un minuto,
pero ya ves:
un verso es el minuto
que nos salva del mes.

Ahora bien, lo mejor sería
no escribir ni pensar,
sino poner un siglo en una obra buena
y no preocuparse más.
Patria, Amor, lo que quieran;
hacer por eso algo sin mentira,
sin palabra, sin adorno, sin ritmo,
pero, que adentro se le escuche latir.
Un gesto, un grito, un beso:
hacer eso
sin escribir nada,
ése sería el poema mejor,
y si hubiera dolor adentro,
hacer un llanto solo, sin tocar el dolor.
Pero ¿cómo haríamos un llanto
sin que se nos viera llorar?
¡Ah! ¡That is the question!
¡hacerse agua la boca y tragar sal!
Los ojos y el mar se comprenden:
son los únicos que hacen sal
sin generación espontánea
y sin química y sin llorar...
(¡Perdón, la Muerte también
tiene su salsa peculiar!)

No caigamos en confesiones,
que no estaríamos bien;
lo hermoso o lo espantoso
son golpes de luz
lo verdaderamente estúpido
es el sentido común.
Yo te quiero, Novia,
y te voy a querer todavía,
no entremos en confesiones
porque todo se acabaría.
No comentemos. Sería
cuento de nunca acabar;
usemos la flor exótica
y dejémonos comentar.

No hagamos versos:
sugestiónate un poco
y supón que esta hoja
está en blanco y no dice nada,
pero acuérdate de mis ojos,
y escribe tú sobre la página.
Nadie sabe lo que quiero,
pero quiero demasiado
y no sé quién me va a quitar
este inconveniente del costado.

Ni en mí mismo me sostengo
ni en ti... ¿cómo podría
si esto es como lirio de agua
y las raíces no se fijan?
¡Ay, cristales de la mañana,
cómo se me agarra la envidia
a esa mariposa rayada
que tiene una esperanza de un día!

¡Cuánto tiempo hace,
Señor, que espero,
hacer el poema
sin freno,
con todo mi dolor y toda mi rabia
y toda mi alegría
y decir esa palabra
que lo mejor que tiene es no decirla
esa palabra maravillosa,
tremenda, radiante, dulce, caníbal,
esa palabra insoportable
que no haya que hablarla para que se diga!

¡Ah, Señor de los cielos!,
en vez de entrar al Cielo
con una bata blanca y una rama de lirios,
qué bueno sería
morirse de pronto, llegar a los cielos
con un cigarrillo en los labios,
pero dejando al labio que cante
y abrir la puerta y decir: ¡Buenos días,
Señor Dios! ¡y seguir adelante!

Tienes tu huerto,
tu paraíso de poetas.
¡Bendita seas en él! ¡El verso
te inciense, te mirre y te dore,
siempre que seas!
Nunca me enseñaste tu huerto.
Nunca me dijiste: ¡Pasa,
aquí hay flores, yo tengo un huerto!
Ni te he probado de tus frutas
ni te he escuchado tus jilgueros.
Déjame pasar a tu lado
y sigue hermética. Déjame
con mi papel de caminante,
que yo te diré: ¡Buenos días,
Señora Diosa!... y seguiré adelante...

Dijo el loco... y siguió la marcha
por un camino sin caminante...



Andrés Eloy Blanco


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