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        TREN

De repente, en el mediodía,
ha llegado a nosotros el silbido de un tren.
Neto e inconfundible, llegó todo el pitazo,
hasta con aquel eco más débil
que dice que el tren se aleja,
aquella cola larga y moribunda
que va arrastrando el núcleo del sonido.

Los silbidos son cometas de música.

Nos alegramos súbitamente
y súbitamente nos entristecemos.
En el mediodía, el tren
nos ha llevado a todos a los campos azules;
en este sopor, ese pito
es la válvula de escape del día
y pensamos que el mundo iba a soltar los frenos
y todo iba a marchar.

Ahora hemos quedado
oyendo este silbido, ya casi imperceptible.
Todos somos un indio; se fue la última flecha
y no ha dado en el blanco;
el indio oye silbar el astil que se aleja
y afloja lentamente el corazón y el arco...

Mayo, 1929



Andrés Eloy Blanco


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