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        PALABREO DE LA ALEGRÍA PERDIDA

Compadre Venancio Laya,
dígale a Juan Pablo Páe
que me mande mi guitarra
y usted mismo me la trae.

Anónimo venezolano

Más que me carguen de jierro,
más que me roben la hija,
más que solo y sin cobija,
me echen aquí como un perro,
más que me den por encierro
un castillo en una playa,
mi corazón no desmaya
si le dejan su alegría,
que no hay mejor compañía,
compadre Venancio Laya.

Me quitaron mi derecho,
compadre, lo que más quiero,
mi alazán refistolero,
mi palma de llano y techo;
mi palma con guitarra y pecho,
el recuerdo se distrae,
cuando la pena decae
y la guitarra la enlaza;
eso, si usté tiene raza,
dígale a Juan Pablo Páe.

Asina que usté lo vea
dígale usté, compañero,
que eso no lo hace un llanero
sin pretina y con correa;
que aprete más la manea
que mis tobillos amarra,
que robe voz de chicharra,
que robe luz de cocuyo,
pero, si tiene lo suyo,
que me mande mi guitarra.

Y si no hay en el Castillo
guitarra p'al prisionero,
échele un fiao al ranchero
de una vela de a cuartillo;
que el copetico amarillo
le prenda Juan Pablo Páe
y si en el patio le cae
la caldereta marina,
póngale la mano asina
y usté mismo me la trae.



Andrés Eloy Blanco


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