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        REGRESO AL DESPERTAR

Buenos días, amigos,
mis pequeños amigos, mis mejores amigos,
mi amistad con las fuerzas de lo puro,
cantemos al postigo que nos tiende
la voz de la luz con que nos habla el mundo,
cantad lo maternal que la mañana
pone en la leche de los desayunos,
saludad al que está en la cruz clavado
y al sol, al santo sol que nos libra del susto.

Bendigamos el agua del baño que os espera
y el pan que sazonamos con sal de mis sudores
y el libro de la Escuela.
Esta tarde, al regreso de la Escuela, hablaremos
de cómo puede el aire con la tierra,
de cómo puede el hambre con los días,
de cómo puede el frío con la piedra,
de cuánto pesa una montaña de oro
y de cómo el dolor puede con ella,
de cuán pesada es la pobreza humana
y de cómo el amor la lleva a cuestas,
de cómo tiene el pescador del río
un pie en el río y otro pie en la estrella.
Y daremos la clase que no se da en la Escuela.
Diremos, como amigos: —¡Conócete a ti mismo!—
a todos los que iremos encontrando.
La respuesta de todos nos la dará la vaca
que bebe en el espejo del pantano
y le pregunta al agua por qué razón del agua
esa vaca del agua se la queda mirando.
Esta tarde hablaremos de la patria
que echa a sus hijos niños y los conoce ancianos.



Andrés Eloy Blanco


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