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        FASTIDIO 1

¡Siempre lo mismo, Dios, siempre lo mismo!
¡Estar de pie y espera, espera, espera!
¡Estar de pie en el labio del Abismo,
ni un paso atrás, ni un vértigo siquiera!
Estar de pie en el labio de lo ignoto
y el labio mudo, a mi avidez
y en todas mis potencias un férvido alboroto,
carne y alma a la vez...
Y los cinco sentidos que gritan enjaulados:
—Tenemos hambre, ¡suéltanos! Tenemos sed, ¡devora!
¿Quién te habló de virtudes? ¿Quién te habló de pecados?
La Noche será eterna... ¡No dejes ir la Aurora!
Y abro la jaula y les doy vino
y les doy carne, que es su pan,
porque ellos son lo único que encontré en el camino
y conmigo vinieron y conmigo se van...
Pero en pleno zenit de los placeres,
esa hormiga que corre de mi espalda a mis pies
y me dice al oído: —¡Mejor será que esperes;
tus lobos están sueltos, y después, y después!...
¿Y después? Si yo mismo pregunto y ¿quién contesta?
Mis lobos se morían sin sol, sin pan, sin fiesta
y les abrí la cárcel y felices corrieron,
y si no han de vivir más vida que ésta
y han de vivirla presos, ¿para qué me los dieron?

Y eso que tú me ofreces,
¿para cuándo será?
Y si al fin a ti vamos, ¿a qué vivir dos veces?
¿Por qué desde el principio no nos dejaste allá?

Porque ya este cansancio no es cansancio siquiera;
es que ya me fastidio de mi propio sendero.
Estar de pie y espera, espera, espera...
y no sé a quién espero...



Andrés Eloy Blanco


1 Revista Billiken, Caracas, 30 de junio de 1923.


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