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        INTERROGANTE

Hamlet, mi príncipe enlutado
que en tu Elsinor viste una vez
la airada sombra de tu padre
sobre una almena aparecer;
que viste sobre el lago pérfido
flotar en fúnebre vaivén
el cuerpo inánime de Ofelia,
y que exploraste lo que fue,
el grave enigma de la tumba,
el cómo, el cuándo y el porqué
en la amarilla calavera
de Yorick, el bufón del rey;
dime qué existe para el hombre
después del último después...
Y oigo tu voz que me responde:
—Morir, dormir..., soñar tal vez.
Yo estoy aún entre las rosas
más fragantes, pero a mis pies
se alarga ya, como un presagio,
la fosca sombra de un ciprés...
Oigo a lo lejos las campanas
tristes del Angelus tañer,
y me invade, trágicamente
el frío del anochecer...
Por eso, mi príncipe rubio,
te interrogo con avidez:
dime qué existe para el hombre
después del último después...
y oigo tu voz que me responde:
—Morir, dormir..., soñar tal vez.

Eduardo Castillo


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