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        LETANÍA

Señor, espada candente que cercenas implacable nuestros más hondos deseos...
Señor, torrente bravío que acabas por arrastrar al que no quiere seguirte...
Señor, pétrea fortaleza que resiste los embates del desleal y del indigno...
Señor, cima inasequible a la que sólo se llega con las plantas desgarradas...
¡Oh ciclón cuya embestida desarraiga para siempre las raíces más profundas,
ten compasión de nosotros!
Señor, almendro florido que glorificas el páramo...
Señor, manantial secreto cuyas aguas luminosas fecundan a quien las bebe…
Señor, que nos enseñaste a abrir surcos en los mares...
Señor, que hiciste el milagro de la calandria y la rosa...
Señor, que amaste el perfume por el amor derramado...
Señor, espiga del cielo, trigo que nutre y exalta...
Señor, aguijón celeste cuyas heridas consuelan...
¡Señor, río de la gracia, sumérgenos en tus ondas!
¡Dios de la paz y del combate, Dios de la tierra y del cielo,
nace otra vez en nosotros!

autógrafo

Ernestina de Champourcín


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