anterior autor siguiente

                  VI

        INTERROGACIÓN

Y el grito interrogante de una invisible boca
rasgó de los espacios el silencio infinito:

«¿Qué viento os arrebata, despavoridas sombras
que bebisteis locuras en ponzoñosos filtros
y en orgía de sangre os revolcáis ahora?
¿Qué ser irresponsable os perturba el sentido?
¿Qué voz llama en los mares de embravecidas olas?
¿Qué seducción de muerte os empuja al abismo?
Vuestra vida es un canto de atropelladas notas
que un lunático ensaya sin acorde y sin ritmo.

»Un perverso ha violado los cerrojos del arca
de Pandora a los postres del convivio siniestro,
y la vieja discordia arrojó la manzana
que provoca las iras y los odios fraternos.
Los vampiros nocturnos desplegaron las alas
y de níveas palomas ahuyentaron el vuelo.
Leviatanes de instintos enrojecen las aguas
incendiando los mundos con sus ojos de fuego.

»Hace siglos ¡oh, buitres insaciables e impuros
que husmeáis los festines de podridas carroñas!
hacia el sol elevasteis los altares del culto
y fingisteis deidades con la lluvia y la aurora,
y temblabais de espanto bajo el trueno profundo
y elevabais un templo a la luna que asoma,
y al pensar en la muerte tiritabais de susto.

»Y el odio forjó el miedo y separó las razas.
Deidades iracundas endiosaron delitos
y en la cándida tierra dividieron las aguas,
estrujaron los campos y disputaron ríos
en que el árbol bebía su verdor y su savia
y con suaves murmurios endulzaba el camino.
Detuvisteis el paso de las horas doradas
en que todo era nuestro y no tuyo ni mío;
para invocar la muerte elevasteis plegarias,
abristeis las cavernas de todos los instintos,
y en las maternas ubres de leche emponzoñada
abrevaron sedientos los labios de los niños.

»Afilasteis las puntas que hieren a mansalva,
la codicia del oro despertó el latrocinio,
y los mantos azules del mar y la montaña
se tiñeron con sangre de mendaz heroísmo».



Enrique González Martínez


subir volver Babel (1949)   siguiente anterior
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio