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        EL BASTÓN

Ha cruzado la extensa avenida
Que sombrean acacias y fresnos,
Y apoyado en la vara nudosa
Con trabajo camina el abuelo.

No dirige la vista a las ramas
Al oír en las ramas gorjeos,
Ni se fija en la turba de niños
Que en grupos alegres anima el paseo.

En profundas tristezas absorto
Se adelanta mirando hacia el suelo,
Donde el sol meridiano ha tendido
Leonados tapices con manchas de fuego.

De repente, del corro en que giran,
Al ver al anciano se apartan los nietos,
Y entre risas sonoras avanzan
Hacia él con los brazos abiertos.

Los recibe gozoso, los besa,
Y parecen fundirse en el beso
Con los rizos de oro del niño
Las guedejas de plata del viejo.

Éste calla, y aquél, impaciente,
En un vivo y audaz movimiento,.
Arrancando el bastón de sus manos
Monta en él y se aleja corriendo.

¡Poesía sutil de las cosas,
Al mirar esta escena te siento!
¡Lo que al viejo le sirve de apoyo,
A los niños les sirve de juego!

1894

autógrafo

Francisco A. de Icaza


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