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  LOOR A LA INMANENCIA

¡Cómo me salva el torpe
diapasón de la niebla!
Separaron la cima.
Y me volví contienda.

Hace falta el pacífico
misterio de mentiras.
Aquel espejamiento
de la luz que se arrima.

Hace falta el gravamen
de la inútil vereda.
Olvidarse del yo.
Morir. Y ser la meta

de los pájaros jóvenes
sobre las ramas bajas.
Así el hábito tierno
que nos regala dalias.

Pero me separaron
el anillo desierto.
La tez elucubrada
que imantaron los muertos.

Desde entonces renazco
en una impía sombra.
La gente disminuye.
Se asolan las alondras.

No sé. Tanta distancia
me eleva para simpre.
Pero no pulso sangre.
Ni reconozco suertes

variadas. Soy la imagen
de una inmensa pared.
Y Dios nunca aparece
porque quita la sed.

Francisco Matos Paoli


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