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  EL DESPLAZAMIENTO DEL JARDÍN

El jardín no tiene fin.
Lo mismo en la aurora incierta
que en la lumbre que despierta
se desconoce el confín
de la concentrada mano
que lo cultiva en amores,
en ampos, en surtidores.
Gigantesco está el hermano
sin la frontera capciosa.
Gigantesco como nunca,
negando la sangre trunca,
del yo que no se desposa.
Hace tiempo que me veo
en la soledad cuitada
del que cubre su su mirada.
El jardín es centelleo,
muchedumbre, pueblo, grito.
Y no vale el cruel distante
que en la norma interrogante
adolece de infinito.
Me separo de la idea
interior en que el remedo
del espejo sufre miedo.
El jardín es la marea
de un crecido panorama.
Irradiante en su sigilo,
corta del yo su infiel hilo
y lo pluraliza en llama
procreadora que no humilla.
Quise fundirme a la tierra.
Ya que el jardín no se encierra
en una sola semilla.

Francisco Matos Paoli


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