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ADMONICIÓN A UN POETA NOVEL CONTRA LA TENTACIÓN DE ESCRIBIR SÁTIRAS

    Sé dócil, Fabio, atiende a mis razones
Y no corras derecho al precipicio,
Sin ver el grave riesgo a que te expones.
    Eres mozo y honrado; ves al vicio
Alzar impune la soberbia frente,
Y a su aspecto no más, sales de quicio;
    Sin reparar, oh joven inocente,
Que con vano sermón nada se alcanza,
Si se va contra el viento y la corriente.
    ¿No es mejor que a la insípida alabanza
Consagres tus vigilias y sudores,
Ganando para ti lucro y holganza?
    Celebra a los magnates y señores;
Por Mecenas elige al mas menguado,
Y derrama a dos manos tus loores;
    Que aunque en lugar de incienso regalado
Mezcles inmunda pez, resina y brea,
Y al ídolo en su altar dejes ahumado,
    Verás cuál se entumece y pavonea
Con el tributo vil, y paga ufano
Cuanto su necio orgullo lisonjea.
    Si es de mal corazón , llámale humano;
Si pródigo, galán y generoso;
Sabio y modesto, si ignorante y vano:
    Miente y adula a roso y a velloso,
Seguro que ninguno te desmienta,
Cierto de hallar aplauso numeroso;
    Y en un año, en un mes, por mí la cuenta
Si has menester Apolo ni Pegaso
Para lograr honores, fama y renta.
    No traigo  a la memoria un solo caso
En que el decir verdad premio consiga;
Y antes por ello vi más de un fracaso:
    Así, no es de extrañar que el tropel siga
La senda más trillada y espaciosa,
Que al término conduce sin fatiga;
    En tanto que apocada y temerosa
Se esconde la virtud bajo la tierra,
Y aun allí el vicio con furor la acosa.
    Mas si vivir no quieres siempre en guerra
A sombra de desván, pobre y desnudo,
A Persio y Juvenal con llave encierra;
    Deja el veraz estilo, áspero y rudo,
Y alambica un elogio almibarado
Que cuele blandamente sin embudo.
    Yo no he visto en mi vida potentado
Que un Licurgo no fuese en su alto asiento,
Y de todas virtudes fiel dechado;
    Ni uno tampoco he visto que, al momento
Que por tierra cayó, no mereciera
Servir, cual otro Luna, de escarmiento.
    No he visto un general que no pudiera
A César y a Pompeyo dar lecciones,
Y que no esté atrasado en su carrera;
    Ni un asentista, henchido de doblones,
Que no fuese columna del Estado,
Del pueblo entre las crudas maldiciones.
    ¿Quién halló un juez venal en alto estrado?
¿Quién no encontró talento a un palaciego?
¿Quién conoce un bribón condecorado?...
    Pues en la corte estás, y no eres ciego,
Díme si, aunque demonio te volvieras,
Halláras leña en que cebar tu fuego.
    Juro y rejuro, hablándote de veras,
Que falta material a la censura,
Como mentir y calumniar no quieras:
    Y si debiste al cielo por ventura
Musa festiva, alegre y burladora,
La diestra armada de manopla dura,
    Hazle amansar su furia azotadora,
O procura que pague el escudero
El encanto fatal de su señora.
    Este es el medio, Fabio, que prefiero;
Que no es nuevo pagar el inocente,
Y ostentarse el culpable erguido y fiero:
    Y si lanzar no puedes de la mente
La viva comezón de incuba Musa,
Que ni paz ni reposo te consiente,
    De aquel feliz arbitrio al menos usa,
Y en posadera ruin descarga recio,
Sin tener que pedir perdón ni excusa.
    A un alcalde pedáneo llama necio;
Di que roba a mansalva un boticario;
Trata a un pobre cornudo con desprecio;
    Saca a plaza un poeta perdulario;
Empluma alguna vieja Celestina,
O acusa a un fiel de fechos de falsario...
    Mas cuenta que la misma ventolina
No te engolfe después en mar bravia;
Do el piloto más diestro halla su ruina.
    Regla sin excepción: en viendo usía.
Hermanadas están virtud y ciencia,
Y las debes tratar con cortesía;
    Y si asomos vislumbras de excelencia,
O de una placa atisbas los reflejos,
Ya les puedes hacer la reverencia.
    Mas si infundados juzgas mis consejos,
Por norma elige al cazador prudente,
Que audaz persigue a liebres y conejos;
    Y cura bien no echarla de valiente
Con los soberbios tigres y leones,
De corva garra y de aguzado diente.
    Del mar en las undívagas regiones
El pez mayor embiste al pequeñuelo,
Y huye de los hambrientos tiburones;
    Y en las aves alígeras del cielo
Tras la paloma arrójase el milano,
Y del buitre rapaz no turba el vuelo.
    Tan natural y propio al ser humano
Es perseguir al débil y abatido,
Y evitar aun el riesgo más lejano ,
    Que no verás rapaz recién nacido
Que al flaco gozquecillo no atormente,
Y de robusto can no huya al ladrido.
    Lo mismo debe hacer hombre prudente;
Que lo demás son pláticas de antaño,
De que se burla ya la culta gente.
    Y si tal vez creyeres que te engaño,
A salvo pongo el ánima y conciencia
Con prevenirte a tiempo de tu daño:
    Haz por juego siquiera la experiencia;
Mas no te quejes del rigor del hado,
Cuando sufras la dura penitencia.
    Yo por mi parte huiré de tal pecado,
Aunque Apolo me ofrezca su corona:
Que es lícito en el mundo ser malvado;
Mas decir la verdad no se perdona.

autógrafo

Francisco Martínez de la Rosa


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