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    EL HOMBRE Y LA CULEBRA

A una Culebra que, de frío yerta,
en el suelo yacía medio muerta
un labrador cogió; mas fue tan bueno,
que incautamente la abrigó en su seno.
Apenas revivió, cuando la ingrata
a su gran bienhechor traidora mata.

autógrafo
Félix María de Samaniego


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facsímil Fábulas en verso para el uso del Real Seminario Bascongado. Ed. original. Madrid, 1804.
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