DESASTRE DEL VALIDO QUE CAYÓ AUN EN SUS ESTATUAS

¿Miras la faz que al orbe fue segunda
y en el metal vivió rica de honores
cómo, arrastrada, sigue los clamores,
en las maromas de la plebe inmunda?

No hay fragua que a sus miembros no los funda
en calderas, sartenes y asadores;
y aquel miedo y terror de los señores
sólo de humo en la cocina abunda.

El rostro que adoraron en Seyano,
despedazado en garfios, es testigo
de la instabilidad del precio humano.

Nadie le conoció, ni fue su amigo;
y sólo quien le infama de tirano
no acompañó el horror de su castigo.

autógrafo

Francisco de Quevedo y Villegas


subir volver El Parnaso español (1648)   siguiente anterior
Polimnia. Musa II. Soneto
aumentar tamaño letra reducir tamaño letra poema aleatorio