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      EL CLÉRIGO SIMPLE
Milagros de Nuestra Señora - versos 877 a 940

                              IX

Era un simple clérigo   pobre de clerecía
dicié cutiano missa   de la Sancta María;
non sabié decir otra,   diciéla cada día,
más la sabié por uso   que por sabiduría.

Fo est missacantano   al bispo acusado,
que era idïota,   mal clérigo provado;
Salve Sancta Parens   sólo tenié usado,
non sabié otra missa   el torpe embargado.

Fo durament movido   el Obispo a sanna,
dicié: «Nunqua de preste   oí atal hazanna.»
Disso: «Diçit al fijo   de la mala putanna
que venga ante mí,   no lo pare por manna.»

Vino ante el obispo   el preste peccador,
avié con el grand miedo   perdida la color,
non podíe de vergüenza   catar contra'l sennor,
nunqua fo el mesquino   en tan mala sudor.

Díssoli el obispo:   «Preste, dime la verdat,
si es tal como dizen   la tu necïedat.»
Díssoli el buen omne:   «Sennor, por caridat,
si disiesse que non,   dizría falsedat».

Díssoli el obispo:   «Quando non as cïencia
de cantar otra missa,   nin as sen nin potencia,
viédote que non cantes,   métote en sentencia,
vivi como merezes   por otra agudencia.»

Fo el preste su vía   triste e dessarrado,
avié muy grand vergüenza,   el danno muy granado;
tornó en la Gloriosa,   ploroso e quesado,
que li diesse consejo   ca era aterrado.

La madre pïadosa   que nunqua falleció
a qui de corazón   a piedes li cadió,
el ruego del su clérigo   luego gelo udió:
no lo metió por plazo,   luego li acorrió.

La Virgo glorïosa,   madre sin dición,
aparecio'l al obispo   luego en visïón;
díxoli fuertes dichos,   un brabiello sermón,
descubrióli en ello   todo su corazón.

Díxoli brabamientre:   «Don Obispo lozano,
¿contra mí por qué fust   tan fuert e tan villano?
Yo nunqua te tollí   valía de un grano,
e tú ásme tollido   a mí un capellano.

»El que a mí cantava   la missa cada día,
tú tovist que facié   yerro de eresía;
judguéstilo por bestia   e por cosa radía,
tollisteli la orden   de la capellanía.

»Si tú no li mandares   decir la missa mía
como solié decirla,   grand querella avría,
e tú serás finado   hasta el trenteno día,
¡Desend verás qué vale   la sanna de María!»

Fo con estas menazas   el bispo espantado,
mandó envïar luego   por el preste vedado;
rogó'l que'l perdonasse   lo que avié errado,
ca fo él en su pleito   durament engannado.

Mandólo que cantasse   como solié cantar,
fuesse de la Gloriosa   siervo del su altar;
si algo li menguasse   en vestir o calzar,
él gelo mandarié   del suyo mismo dar.

Tornó el omne bueno   en su capellanía,
sirvió a la Gloriosa,   madre Sancta María;
finó en su oficio   de fin qual yo querría,
fue la alma a gloria,   a la dulz cofradía.

Non podriemos nos tanto   escrivir nin rezar,
aun porque podiéssemos   muchos annos durar,
que los diezmos miraclos   podiéssemos contar,
los que por la Gloriosa   denna Dios demostrar.



Gonzalo de Berceo


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