MARTIRIO DE SAN LORENZO
      Coplas 57 a 69

Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

            57

Lavó luego sus pies; los limpió con su paño.
A cuantos allí estaban, él les hizo ese baño.
Repartió los tesoros entre ellos, sin engaño;
sin provocar a nadie reyerta ni regaño.

            58

Cuando los tuvo a todos servidos y agradados,
les dijo: —«Sed, amigos, y a Dios encomendados.
Yo cumpliré mi oficio; buscaré a los menguados,
porque pronto seremos por Decio reclamados».

            59

Entre esos compañeros de casa de Narciso
había un hombre bueno presente, aunque sin «viso»,
que le dijo: —«Te ruego, si ves el Paraíso
que coloques tus manos como el Señor lo hizo».

            60

El le impuso sus manos e hizo su oración:
—«Cristo, por quien tu Madre nunca causó lesión,
te pido que ilumines a este hombre sin visión,
y dejes en el ciego santa consolación».

            61

Cuando Lorenzo tuvo su oración concluida,
fue toda la ceguera de Crecencio vencida.
El varón santo y bueno realizó esa partida,
pues deseaba que fuese ya su hora venida.

            62

Ya su tesoro estaba todo muy bien empleado.
El fue para su obispo su servidor privado.
Descubrió que querían sacarlo del poblado
para darle el martirio, como estaba planeado.

            63

Cuando al obispo vio Lorenzo condenar,
empezó, inconsolable, gravemente a llorar,
y dando grandes voces, a exclamar y clamar:
—«¿Señor, por qué me quieres así desesperar?

            64

»Yo pido, Padre mío, a tu gran voluntad
que no me desampares, por Dios, por caridad.
Si no me llevas, Padre, hasta tu eternidad,
quedaré siendo huérfano de la peor orfandad.

            65

»Siempre, cuando querías al Señor ofrendar
y la sagrada misa decir en el altar,
me llevabas contigo para ser tu auxiliar.
No me dejes ahora, por tanto, de amparar.

            66

»Si en algo te produje yo mismo algún pesar,
cuando juntos estemos, me debes perdonar.
A tu siervo no puedes tanto enojo guardar,
pues por ello tu alma podrías lastimar.

            67

»Santo Padre, sería por gran yerro tenido
que entraras en tal cena estando yo excluido.
Señor, llévame allá. Esta merced te pido.
En el martirio quiero ser el primer herido.

            68

»Los tesoros que tuve por ti recomendados,
por la gracia de Dios están bien recaudados.
No los hallará Decio, pues se hayan resguardados.
Ni los malgastaremos, pues ya fueron donados.

            69

»Aumentados serán donde los hallaremos.
No nos serán negados; doblados los tendremos.
Padre, no me desdeñes. Unidos sufriremos
mejor, tú y yo, señor; juntos nos confortaremos».

Gonzalo de Berceo


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Versificación moderna de Clemente Canales Toro (*) de Vida de San Lorenzo. Gonzalo de Berceo. © Mario Canales (enviar correo)


(*) Clemente Canales Toro (Arauco, 27/06/1904 - Santiago, 5/10/1987). Profesor de Castellano Instituto Pedagógico Universidad de Chile (29/03/1926). Ex alumno del Instituto Nacional, Profesor desde 1927 hasta 1969, Secretario General (1930-48), Inspector General (1949-57), Vicerrector (1957-64) y Rector (1964-69).

Publicaciones:

Raíces griegas y latinas (1936), Interpretación de El Libro del Buen Amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1941), Signos del Juicio final. Ensayo basado en la obra de Gonzalo de Berceo (1955), Edición Crítica de la letra de la Canción Nacional de Chile (1960), Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. Versificación moderna (1964), y en 1974 versiones castellano moderno de todas las obras de Gonzalo de Berceo (inéditas): Himnos, Martirio de San Lorenzo, Vida de Santa Odria, Duelo de la Virgen, Loores de Nuestra Señora, Del sacrificio de la Misa, Historia de San Millán y Vida de Santo Domingo.