MARTIRIO DE SAN LORENZO
      Coplas 81 a 91

Versificación moderna Clemente Canales Toro (1974)

            81

San Lorenzo le dijo: —«Si en Cristo tú creyeres
y en el su santo nombre bautismo recibieres,
podrás salvar tu vista; mas, si esto no lo hicieres,
nunca podrás hallar las luces que ahora quieres».

            82

Complacido, le dijo Lucillo, el afectado:
—«Eso lo habría hecho de bastante buen grado,
pues yo quise y yo quiero cumplir con lo deseado,
y en tus manos me pongo con vestido y calzado».

            83

Como para estas cosas él era muy humano,
hizo la buena obra: Lucillo fue cristiano.
Lorenzo lo tocó con su bendita mano,
y él recobró la vista, feliz de verse sano.

            84

Fue por toda la tierra la noticia lanzada,
de cómo obtuvo el ciego la visión recobrada,
y mucha gente vino a verlo en su posada
para estar con el hombre de virtud tan probada.

            85

Todos los visitantes sus cuitas demostraron.
Si llegaron enfermos, sin dolencias tornaron.
Todos los desvalidos, alimentos llevaron.
Innumerables fueron los que por él sanaron.

            86

Decio envió por Lorenzo. Ante el mal gobernante
lo llevó el carcelero y lo puso delante:
—«Entregad los tesoros en cantidad abundante
o sufriréis castigo muy duro, y al instante».

            87

San Lorenzo le dijo: —«Todas tus amenazas
me saben más sabrosas que las cenas escasas.
Ni todos tus esbirros, ni tú con esas trazas
me metes mayor miedo que palomas torcazas».

            88

Decio se disgustó y se quiso ensañar;
pero por la codicia del tesoro atrapar,
dijo que dejaría ese día pasar,
porque con Valeriano esa noche iba a estar.

            89

Valeriano dudó de llevarlo consigo.
No lo quería mucho ni lo estimaba amigo.
Entregóselo a Hipólito: —«El estará contigo;
de la doctrina nuestra es mortal enemigo».

            90

Lorenzo agradó a Hipólito y a los demás que había
en aquella familia, con la que ganaría.
Curó a muchos enfermos de toda fechoría.
Hacía a aquellos ciegos, milagros cada día.

            91

Se inspiró Dios en él por su benignidad,
y de hacerlo cristiano le vino voluntad.
Solicitó el bautismo, —ley de la cristiandad—
dado por ese diácono de tanta santidad.

Gonzalo de Berceo


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Versificación moderna de Clemente Canales Toro (*) de Vida de San Lorenzo. Gonzalo de Berceo. © Mario Canales (enviar correo)


(*) Clemente Canales Toro (Arauco, 27/06/1904 - Santiago, 5/10/1987). Profesor de Castellano Instituto Pedagógico Universidad de Chile (29/03/1926). Ex alumno del Instituto Nacional, Profesor desde 1927 hasta 1969, Secretario General (1930-48), Inspector General (1949-57), Vicerrector (1957-64) y Rector (1964-69).

Publicaciones:

Raíces griegas y latinas (1936), Interpretación de El Libro del Buen Amor de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita (1941), Signos del Juicio final. Ensayo basado en la obra de Gonzalo de Berceo (1955), Edición Crítica de la letra de la Canción Nacional de Chile (1960), Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. Versificación moderna (1964), y en 1974 versiones castellano moderno de todas las obras de Gonzalo de Berceo (inéditas): Himnos, Martirio de San Lorenzo, Vida de Santa Odria, Duelo de la Virgen, Loores de Nuestra Señora, Del sacrificio de la Misa, Historia de San Millán y Vida de Santo Domingo.