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        ES UNA PRETÉRITA ESCENA

El agua de los pozos, ambiguamente verde,
alarga la hora triste del crepúsculo. Lejos,
tras las ondas de polvo del camino se pierde
la aldea donde lloran los campanarios viejos.

El abuelo sónríe como un bendito al lado
del sendero oloroso, cabe el fresco ciruelo,
mientras pasan las mozas, bendito y alabado
sea el Señor, le salmodian. Amén, dice el abuelo.

Tiembla en el cielo lívido con una luz perpleja
la estrella de las tardes. Jovial rapaza deja
la recua que retorna del perezoso exilio.

Y al abuelo que diálogos con el recuerdo entabla
se acerca de escondidas, y luego ríe y le habla
con palabras que suenan a verso de Virgilio.

Gregorio Castañeda Aragón


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