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        LAS RUINAS

La casa de los abuelos,
grande de sórdido portal,
de rojo ladrillo morisco
y pozo con hierba en el brocal,
la casa vieja, de conseja,
de historias que me hicieron temblar
de niño, bajo las sábanas,
con un temblor cerval,
oyendo ruidos de cadenas
del otro mundo, en el zaguán,
aquella casa fue mía,
hoy es escombros,
nada más…

Y es tan sencillo esto, Dios mío,
que el verso, absurdo, no será
más que un rosario sin palabras…
yo, en cambio, ¡ah!
yo, solo sé de este silencio
el eco impalpable escuchar:
el mastín de ladrar aldeano,
el día sin escuela, invernal,
las buenas voces familiares
con dulzura de colmenar,
y aquel murmullo de palomas,
y las palmeras,
y el mar...

Gregorio Castañeda Aragón


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