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Cosa es cierta, señora, y muy sabida,
aunque el secreto de ella está encubierto,
que lanza de sí sangre un cuerpo muerto
si se pone a mirarlo el homicida.

Así yo, aunque vivo, estoy sin vida
siendo visto de vos, que me habéis muerto;
con mi sangre mostré lo que más cierto
mostráis vos con mostraros desabrida.

Pero si no fue así, fue que corriendo
la sangre al corazón para valerle,
por saliros a ver erró el camino;

salvo si no fue el alma, que sintiendo
su agravio, así ante vos quiso ponerle
con señal tan costoso y tan divino.



Gutierre de Cetina


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