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        EL CAZADOR

    El sol vierte su lumbre
En nubes de oro y grana,
La tierra se engalana
Vestida, de verdor.
    Con traje caprichoso,
De su perro seguido,
Sale al campo florido
El bello cazador.

    Lleva provisto el cinto
Que ancha hebilla sujeta,
Y al hombro su escopeta
De las aves terror.
    Las auras matinales
Agitan el cabello
Que flota sobre el cuello
Del bello cazador.

    Todo es vida en el campo,
Todo placer y amores,
Perfumes dan las flores
Y el céfiro frescor:
    Sobre el caliente nido
Cantan himnos las aves,
Mientras con pasos graves
Se acerca el cazador.

    Ajenas del peligro
Desplegan ya sus alas,
Que ignoran de las balas
El silvo aterrador:
    Y una blanca paloma,
De su belleza ufana,
En torno gira insana
Del bello cazador.

    Mil círculos trazando
Cual leve mariposa,
Ya vuela caprichosa,
Ya para sin temor.
    De un árbol a otro cruza
Allá en el bosque umbrío,
Mientras la acecha impío
El bello cazador.

    Con amoroso arrullo
A su consorte llama,
Columpiada en la rama
De un verde sicomor.
    Mas ¡ay! que cuando gime
Y al dulce amor convida,
Vacila y cae herida
Del bello cazador.

    Con su inocente sangre
La verde yerba baña,
Y sin piedad ni saña
La mira el matador:
    Que en pos de otra victoria,
Al hombro la escopeta,
Sigue su marcha inquieta
El bello cazador.

    En tanto allá aparece
Del bosque en la espesura,
Blanca y triste figura,
Fantasma seductor:
    ¡Y es Elmira!... La Elmira
Cual tierna desgraciada,
Amante abandonada
Del bello cazador.

    Marchita está la rosa
De su blanca mejilla,
Y en su mirada brilla
La llama del amor:
    Con paso vacilante
Llega la triste Elmira
Do la víctima expira
Del bello cazador.

    Y estrechando a su pecho
Al ave moribunda
Con lágrimas la inunda,
Le dice con dolor.
    —«Paloma sin ventura
Igual es nuestra suerte,
Pues causa nuestra muerte
El bello cazador.

    »De su mano tirana
Recibes honda herida,
Y devoró mi  vida
La llama de su amor.
    Débiles, confiadas,
Perdionos la inocencia,
E hirionos sin clemencia
El bello cazador.

    »Bajo ese verde aliso,
Cual lo eras tú, dichosa,
En noche silenciosa
Me trajo mi candor:
    Y oyeron estos valles,
Y oyeron estos vientos,
Los tiernos juramentos
Del bello cazador.

    »¿Ves, Elmira, ese cielo
Inmenso?» me decía;
«Pues es, amada mía,
Más inmenso mi amor.
    No cría abril más hojas
En bosques ni florestas
Como suspiros cuestas
Al tierno cazador.

    »Mis astros son tus ojos
Y es tu aliento mi brisa,
Me embriaga tu sonrisa,
Me mata tu rigor.
    No deseches, bien mío,
El alma que te entrego,
Escucha, Elmira, el ruego
Del triste cazador.

    »Como eres hechicera
Sé, Elmira, compasiva,
Si quieres ¡ay! que viva
Concédeme tu amor».—
    Así me hablaba, y luego
Con pérfidos abrazos
Me aprisionó en sus lazos 1
El bello cazador.

    Y soñando venturas
Pasó la noche umbría,
Llevando mi alegría,
Dejándome dolor.
    Y pasaron con ella
Los halagos traidores...
¡Pasaron los amores
Del bello cazador!

    Que como a ti, paloma,
De crudo golpe herida
Dejome el homicida
Con bárbaro rigor.
    Otros pechos buscando
Donde sembrar la muerte,
Que en esto se divierte
El bello cazador.

    Cedamos, pues, cedamos
A un destino cruento,
Que sirva de escarmiento
Y ejemplo aterrador.
    Y que aves y pastoras
Al ver nuestro destino
Se aparten del camino
Del bello cazador.—

    Dice la hermosa Elmira,
Y el célico semblante
Se cubre en un instante
De lívido color.
    La muerte con sus alas
Ya nubla su alba frente,
Y aun nombra dulcemente
Al bello cazador.

    En busca de su presa
Ya vuelve el inhumano,
La escopeta en la mano
Cubierto de sudor:
    Y bajo el sicomoro
Al ave y a su Elmira
Al mismo tiempo mira
Morir el cazador.
Del bello cazador.

1839

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


1 Aplicado el cambio de la fe de erratas de la publicación original, el verso publicado que se corrige en ella era:

            Me aprisionó en sus brazos


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