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        A MI JILGUERO

No así las lindas alas,
Abatas, Jilguerillo,
Desdeñando las galas
De su matiz sencillo.

No así guardes cerrado
Ese tu ebúrneo pico,
De dulzuras colmado,
De consonancias rico.

En tu jaula preciosa
¿Qué falta a tu recreo?
Mi mano cariñosa
Previene tu deseo:

Festón de verdes hojas,
Tu reja adorna y viste:
Mira que ya me enojas
Con tu silencio triste.

No de ingrato presumas
Recobra tu contento,
Riza las leves plumas,
Da tus ecos al viento.

            * * *

    Mas no me escucha
Que tristemente
Gira doliente
Por su prisión.
    Troncha las hojas,
Pica la reja.
Luego se aleja
Con aflicción

            * * *

    Ni un trino solo
Su voz exhala,
Mas bate el ala
Con languidez;
    Y tal parecen
Sus lindos ojos
En sus enojos
Llorar viudez.

            * * *

Ya conozco, ínfelíce.
Tu pena punzadora:
¡Tu silencio la dice!
¡Mi corazón la llora!

Cuando el dolor te oprime
Y cuando callas triste
¿No echas de menos, dime,
El campo en que naciste?

¿Y el prado lisonjero,
Y el bosque silencioso
Do ensayaste primero
Tu vuelo temeroso?

El árbol cuya rama
Meció tu blando nido,
Y el agua que derrama
Tu manantial querido;

Donde a beber llegabas
Del lago cristalino,
Y a la sombra posabas
Del centenario pino.

¿Y recuerdas la amena
Pradera, con sus flores,
De los cantares llena
De tus tiernos amores?

¿Y el séquito canoro
De lindos pajarillos,
Las espigas de oro
Robando de los trillos?

¡Por eso ya no canta
Tu pico enmudecido
Que en desventura tanta
La voz es un gemido!

Yo tu suerte deploro;
Y en triste simpatía
Cuando tu pena lloro
Lloro también la mía;

Que triste, cual tú, vivo,
Por siempre separada
De mi suelo nativo
¡De mi Cuba adorada!

No ya, jilguero mío,
Veré la fértil vega
Que el Tínima sombrío
Con sus cristales riega,

Ni en las tardes serenas
Tras enriscados montes
Disipará mis penas
La voz de los sinsontes,

Ni harán en mis oídos
Arrullo al blando sueño
Sus arroyos queridos,
Con murmullo halagüeño.

            * * *

    Ni verá eI prado
Que vio otro día
La lozanía
De mi niñez,
    Los tardos pasos
Que marque incierta
Mi planta yerta
Por la vejez.v     Ni la campaña
Dulce sonora,
Que dio la hora
De mi natal,
    Sonará lenta
Y entristecida
De aquesta vida
Mi hora final.

            * * *

    El sol de fuego,
La hermosa luna.
Mi dulce cuna,
Mi dulce hogar...
    Todo lo pierdo,1
¡Desventurada!
Ya destinada
Solo a llorar.

            * * *

Pues somos en desventura
Pájaro infeliz, iguales,
Cantarás tu mi amargura
Y lloraré yo tus males.

Nacidos en cruda estrella,
Unidos por el destino,
Trina al son de mi querella
La canción del peregrino.

Mas tu mirar angustiado
En mi fíjas con tristura
Y tal parece que osado
Me atribuyes tu amargura.

¿No es igual mi cruda pena
A la que te agobia impía?
¿No nos une la cadena
De una triste simpatía?

—«No, porque en extraña tierra
Tus cariños te han seguido,
Y allí la patria se encierra
Do está el objeto querido.

»De una madre el dulce seno
Recibe tu triste llanto,
Y yo de consuelo ajeno,
Solo lloro, y solo canto.

»Eres libre, eres amada,
Yo, solitario, cautivo...
Avecilla abandonada
Para divertirte vivo.

¡Ah! no pues, mujer ingrata,
No te compares conmigo,
Tu compasión me maltrata
Y tu cariño maldigo».

¡Esto me dicen tus ojos,
Esto tu silencio triste!
Ya comprendo tus enojos,
Ya, jilguero, me venciste.

¡Libertad y amor te falta,
Libertad y amor te doy!...
Salta, pajarillo, salta,
Que no tu tirana soy.

            * * *

    Salida franca
Ya tienes, mira,
Goza, respira,
Libre eres ya;
    Torna a tu campo,
Torna a tu nido,
Tu bien querido
Te espera allá.

            * * *

    Mas no me olvides
Y a mi ventana
Llega mañana
Saliendo el sol:
    Que yo te escuche
Solo un momento
Cantar contento
Tu dulce amor.

            * * *

    Corriendo el llanto
Por mi mejilla,
Dulce avecilla,
Te envidiaré:
    Y el eco triste
De mis lamentos
Con tus acentos
Confundiré.

            * * *

    Y luego, caro jilguero...
¿Mas dónde está?... ya se lanza
Donde mi vista no alcanza
Donde no llega mi voz:
    ¡Así me deja el ingrato
Sin escuchar mis acentos
Y ya en las alas de los vientos
Se precipita veloz!

            * * *

    Adiós, pajarillo hermoso,
Adiós, ingrato querido;
Los bienes que habías perdido
Te restituye mi amor.
    ¡Así a mí quiera la suerte
Volverme en hora dichosa
Mi Cuba dulce y hermosa
Y su cielo inspirador!

Abril de 1837 2

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


Aplicado el cambio de la fe de erratas de la publicación original, el verso publicado que se corrige en ella era:

1             Todo lo pierde,

2 Datado en 1839 en Poesías de la excelentísima señora Dª Gertrudis Gómez de Avellaneda de Sabater (1850) Madrid.


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