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        A UNA VIOLETA

    Pobre y humilde violeta,
Que deshojada y perdida
Por el viento compelida
Sigues su impulso fatal;
    Ayer entre verdes hojas
Pudorosa te ocultabas,
Y la imagen presentabas
De modestia virginal:

    Te acariciaban las auras
En tu apacible retiro:
Secreto como el suspiro
De enamorada beldad.
    Hoy de tu tallo arrancada
Vagas ¡ayl con rumbo incierto
Por el camino desierto
Do te impele el huracán:

    Y sumisa te abandonas
Al poder que te arrebata,
Ya te eleve, ya te abata
Su caprichosa crueldad.
    Mas no ¡cuitada! lamentes
De tu suerte los rigores,
Que la reina de las flores
La sufre, violeta, igual.

    Hasta la soberbia palma
Cede humilde a tal destino,
Y en inquieto remolino
Contigo sus hojas van:
    Que el huracán inclemente
Beldad ni orgullo respeta,
Y a rosa, palma, y violeta,
Un mismo sepulcro da.

1840

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


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