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        A UNA VIOLETA

    ¡Pobre flor! ayer esquiva
Tus perfumes recatabas.
Y a los besos te negabas
De la brisa matinal;
    Hoy, con otras confundidas,
Tus hojas el suelo barren,
Y sufres que las desgarren
Los soplos del vendabal.

    ¡Pobre flor! ayer mis ojos
Atisbaban tu retiro,
Secreto como suspiro
De virginal corazón;
    Hoy van hollando mis plantas
Tus restos, despojos viles,
Que hasta de inmundos reptiles
Juguete y escarnio son.

    Mas no, cuitada, lamentes
De tu suerte los rigores,
Que la reina de las flores
La sufre, violeta, igual.
    Gloria de breve momento.
De humillación fin preciso,
Tal es la vida que quiso
Daros el tiempo fatal.

    ¡Hasta la soberbia palma
Cede humilde a aquel destino,
Y en inquieto remolino
Contigo sus hojas van;
    Que el huracán inclemente
Beldad ni orgullo respeta,
Y a rosa, palma y violeta,
Un mismo sepulcro da!

Junio de 1837

autógrafo

Gertrudis Gómez de Avellaneda


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